La Expo Sexo 2010, que en un principio fue una gran oportunidad para cambiar la visión de México sobre la sexualidad, ha acabado cayendo en la trampa mercantil. De ser una oportunidad para que los asistentes pudieran descubrir las diversas formas de expresar sus deseos, se volvió un simple mercado: Los visitantes rara vez se preocupaban por ver los productos ofrecidos, sino que simplemente se limitaban a fotografiar a las edecanes de manera indiscriminada, y más de uno de tomaba libertades que iban más allá de lo que las chicas permitían. Lo cierto es que pasó de ser una oportunidad de liberación, a un momento de total desenfreno. Quien haya seguido mis escritos en este espacio, saben que no soy una mojigata, pero si algo he defendido también, es el buen gusto. Esperemos que la edición 2011 regrese a lo que era en sus inicios, aunque desafortunadamente, será muy poco probable, pues parece que este sistema es mucho mejor negocio.

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