
Entre los creativos y narradores, en especial en los géneros fantásticos y de ciencia ficción, existe un elemento que se llama contrato o suspensión de la credibilidad. De acuerdo al mismo, el lector o espectador acepta el pasar por alto ciertas cosas abiertamente imposibles, siempre y cuando el autor se mantenga consistente con el relato. Por ejemplo, es posible aceptar en una historia la existencia de magos, dragones, armas mágicas y hadas, pero si alguno de los personajes desenfunda una pistola – que curiosamente es algo posible en nuestra realidad – automáticamente romperá ese contrato, destrozando la premisa de la historia.
Cuando juegas el perfil de la role-player, estableces también un contrato de credibilidad con tu cliente, en el que, sin necesidad de decìrselo, establecen las reglas que ambos seguirán, y hasta donde ambos podrán llevar la fantasía. Un hombre puede pasar por alto el que tengas una apariencia de 25 años cuando estás vistiendo ropas de colegiala, e incluso se verá como perfectamente normal que tengas conductas de jovencita. Pero si de pronto haces una mención, por mínima que sea, de un elemento adulto, todo lo demás se irà por tierra, y tu imagen increíblemente sensual se volverá ridícula.
La cuestión es establecer el límite, y saber hasta donde puede llegar la fantasía, en ambos sentidos. Por más sexy que sea tu disfraz de enfermera, si adquieres el perfil serio y eficiente de una de ellas, y te diriges a él en términos médicos, matarás la escena tanto como si no eres lo suficientemente creíble.
El secreto está en simplemente imaginar que quiere el cliente, y dárselo como él lo espera. Usualmente, las escenas sexuales tienen límites de credibilidad algo más difusos que otros tipo de narrativa, pero aún así, deben de respetarse, para que realmente llenen los deseos del cliente.
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