Uno de los amarres básicos dentro de la cabullería – y muy útil también para la sumisa – es el llamado amarre redondo, creado para unir dos objetos largos en forma paralela. En el caso del bondage, usualmente los brazos o las piernas, aunque también puede usarse para atar algún miembro a las patas de un mueble. Su realización es muy simple, pero requiere algo de cuidado.
Se inicia con un nudo ballestrinque, en alguno de los dos miembros, y después de ahí, se dan algunas vueltas alrededor del mismo, en una secuencia y que cada vuelta quede muy junta, pero sin encimarse. Cuando se usa en troncos, es usual ahorcarlo dando varias vueltas entre los dos, para darle firmeza, pero cuando se trata de personas, esta parte se omite para no lastimarla demasiado, además de que de esta forma es más factible que se afloje por sí misma. Tras de unas 10 o 12 vueltas, se remata con otro ballestrinque, también muy junto a las vueltas.
Sólo recordemos que, cuando la aplicamos sobre un ser vivo, hay que seguir una serie de reglas, que eviten que se le lastime. Y como siempre, nunca permitas que un desconocido te ate, pues estarás indefensa.










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